Sobre la legalización del cannabis recreativo y recaudación estatal

Parece que la legalización del cannabis está dejando de ser un tema tabú para muchos dirigentes políticos. La última en sumarse, Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda que ha anunciado un referendum en 2020 para decidir si sigue la vía abierta por José Mújica en Uruguay y Justin Trudeau en Canadá. En España, cuando se habla de la legalización del cannabis, la principal aproximación que encontramos para medir el sentir popular son las encuestas del CIS. La última de noviembre de este mismo año señalaba que el 84% de los encuestados se mostraba a favor de su legalización para uso médico. Mientras que en el caso del uso lúdico existía mayor división y el porcentaje a favor era del 47,2%. En una sociedad con una democracia de calidad es muy posible que el debate sobre la legalización de una sustancia prohibida para uso recreativo terminara con una consulta a la población adulta para conocer su opinión como ocurre en otros países, pero aquí todavía estamos superando la fase de ondear banderas.

Volviendo al tema principal, resulta obvio que parte de quienes están en contra lo están por los riesgos que atribuyen a esta droga, mientras que parte de los que se muestran a favor los ignoran. Estos son diversos y continuan sometidos a estudio. Entre los distintos riesgos que recoge la literatura científica encontramos: adicción, síndrome amotivacional, complicaciones crónicas del sistema respiratorio, disminución de la calidad del esperma, factor de riesgo sobre población vulnerable a desarrollar esquizofrenia, interferencia en el desarrollo del feto, y el incremento de las posibilidades de sufrir un accidente de tráfico. Por otro lado, parece que el cannabidiol, uno de los componentes que es posible encontrar en el cannabis, no parece ser nocivo y distintos estudios le atribuyen propiedades teurapeúticas que van desde antiinflamatorio, analgésico, hasta neuroprotector, ansiolítico o antioxidante. Sin embargo la OMS aún no recomienda su uso medicinal ya que considera que son necesarios más datos.

Pero el propósito de este artículo no es hacer un análisis de los riesgos ni beneficios de esta sustancia, sino que se limita a proponer una modelización de los ingresos que reportaría al Estado la legalización del cannabis recreativo. Por lo que dejamos de lado el debate de los posibles efectos sobre la salud para centrarnos en el análisis de su impacto económico mediante el estudio de las principales magnitudes disponibles.

Supuestos de partida

Debido a que en España existen relativamente pocos datos sobre el consumo de cannabis recreativo debemos llevar a cabo algunos supuestos para estimar su consumo. Para ello partimos de los datos de consumo y prevalencia entre la población a los que asignamos un consumo diario medio y un precio medio por dosis. Especificamos nuestra modelización como sigue:

formula

La lectura de la anterior fórmula indica que el consumo de un periodo (C) es igual al precio medio (P) por la cantidad consumida (Q). Lo que a su vez es igual al precio medio (P) multiplicado por el sumatorio del consumo de cada grupo de población (Pb), multiplicado por el sumatorio de los gramos (Gr) consumidos por día (D).

A partir de la encuesta sobre prevalencia en el consumo planteamos 2 grandes categorías (residentes y turistas) con 3 tipos de frecuencia (diaria, mensual y anual).

El Informe sobre consumo de drogas en España estima que en la actualidad existe un 2,1% de la población entre 15 y 65 años que consume diariamente, un 7,3% que lo ha consumido en los últimos 30 días, un 9,5% que reconoce haberlo hecho en los últimos 12 meses, y un 31,5% que admite haberlo consumido alguna vez en la vida. Si tenemos en cuenta únicamente la población mayor de edad, esto supone unas 645.000 personas que consumen diariamente, 2,2 millones que lo han hecho en los últimos 30 días y 2,9 millones que lo hicieron a lo largo del año. Las estadísticas oficiales no permiten un análisis más allá de la tasa de prevalencia y la frecuencia de consumo por lo que a partir de aquí se introducen supuestos.

Como criterio de consumo planteamos un consumo medio de 2 dosis por consumidor diario; un consumo medio de 1 dosis a la semana, en el caso de los que declaran que han consumido en los últimos 30 días; y un consumo medio de una dosis al año para los que declaran haber consumido en los últimos 12 meses. Adicionalmente se plantea un escenario donde se estima que se mantengan las visitas de turistas registradas en 2018, sobre los que se estima una tasa de prevalencia igual a la que estimada por el Informe sobre consumo de drogas, aunque debido a que existe una mayor propensión al consumo durante el tiempo de ocio hemos decido doblar los consumos medios para este segmento.

Respecto al precio medio de venta, establecemos un precio de 10€/gr donde se incluye un 51% de carga impositiva entre IVA e impuestos especiales. Como política efectiva para desarmar el mercado negro planteamos una congelación del precio de venta durante los cinco primeros años sujeta a revisión en función de las condiciones de mercado y los resultados de los participantes. Uno de los posibles aspectos negativos para las arcas públicas de esta fijación del precio es una menor recaudación inicial, pero a cambio se consigue poner freno al mercado negro donde en 2015 se incautaron 380.361 kg de resina de cannabis y 164.760 kg de hierba de cannabis.

Respecto a los impuestos encontraríamos los impuestos provenientes de licencias, de las cotizaciones de los trabajadores del sector, del IVA e impuestos especiales y del Impuesto de Sociedades.

Respecto a las licencias, cabe mencionar que el ingreso por este concepto resulta residual como muestran los datos de Colorado, donde en media suponen menos del 5% del total de la recaudación impositiva. La importancia de este impuesto radica en que es una herramienta de gran utilidad para modelar el mercado. Mediante un sistema de licencias adecuado es posible regular cuestiones como: el tipo de productores, el tamaño de las explotaciones, primar el cultivo de exterior, que a priori debido al clima mediterráneo parece menos contaminante y supone una ventaja comparativa frente a otros posibles productores europeos, o el fomento de los cultivos basados en energías renovables. Dada la escasa importancia sobre el monto de recaudación total, una vez decidido el modelo que se quiere impulsar, una vía para que se desarrolle el mercado con celeridad consiste en establecer tasas menores durante los primeros años.

Respecto a la imposición por IVA e impuestos especiales, como ya se ha mencionado, planteamos unos ingresos totales del 51% sobre el precio final.

Para el impuesto de sociedades suponemos unos beneficios del 25% sobre el volumen total de negocio.

En el caso del IRPF partimos de una estimación inicial de unas horquillas entre 38.850 y 32.000 asalariados en régimen general, y entre 7.400 y 6.100 trabajadores en régimen de autónomos. Suponemos que sus ingresos brutos son de 27.600 euros anuales para los primeros y de 33.600 para los segundos con un ritmo de crecimiento de un 2,5% anual.

Dejamos fuera los efectos sobre la producción de posibles exportaciones, bien mediante cannabis medicinal, bien mediante cannabis recreativo, ya que están supeditadas a modificaciones en la legislación de otros países.

Conclusiones

Con los datos de consumo y prevalencia descritos en el apartado anterior llevamos a cabo un ejercicio de simulación mediante el método de Montecarlo. El 95% de los resultados obtenidos mediante las simulaciones se encuentran dentro de los valores mostrados en el siguiente gráfico donde se muestran los resultados de recaudación por IRPF y cotizaciones sociales, IVA e impuestos especiales, licencias e impuesto de sociedades para el primer año y el quinto.

Sin título

Los resultados de las simulaciones muestran una horquilla entre un mínimo de 1.900 millones de euros y un máximo de 2.300 durante el primer año, y entre un mínimo de 2.300 millones de euros y un máximo de 3.700 millones el quinto año. Obviamente, este es un ejercicio de aproximación en base a los supuestos especificados y no pretende predecir nada más que la posible recaudación si dichos supuestos se materializaran. Como es obvio, si cambiamos los supuestos de partida llegaremos a un final diferente.

Por último, es común que se ponga en comparación los ingresos del Estado por la legalización con otras partidas importantes como el gasto en sanidad, el déficit, la inversión en I+D, etc. Pero conviene recordar que una vez más no existen atajos y otras medidas son mucho más necesarias como la lucha contra el fraude, una fiscalidad europea única, un plan de reindustrialización, la lucha contra la acumulación de la riqueza en sus niveles obscenos, la equiparación de la presión fiscal en España (34,1%) a la media europea (40,2%), o medidas contra la precariedad laboral. Todas ellas mucho más útiles que los cuidados paliativos para el presente modelo económico que se pueden obtener mediante la legalización del cannabis.