La política de empleo desde la perspectiva de la economía marxista

Uno de los supuestos centrales de la Economía que se les enseña a los estudiantes en las facultades de Economía de nuestro país (siguiendo en ello lo que se hace “fuera”, que como es bien sabido, siempre es mejor y más moderno) es el supuesto que de salida se establece por el que se afirma que el objetivo de las economías de mercado es el pleno empleo de los recursos productivos. Así, no se tiene el menor empacho en sostener –desde el enfoque hoy dominante del pensamiento neoclásico- que el pleno empleo es el objetivo intencionado, deseable y automático del funcionamiento de los agentes e instituciones económicas en los mercados

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La trampa de Tucídides y el futuro del Euro

No debiera ser así. Pero la realidad es que la Unión Europea no ha podido convertir su peso económico en poder económico ni tampoco sus valores políticos y culturales en poder político en la esfera de las relaciones internacionales a escala mundial. La Unión es, por así decirlo, autista, en el sentido de que todas sus energías las dirige hacia sí misma. Es como esos enfermos a los que la gravedad y urgencia de sus dolencias les llevan a desinteresarse de todo cuanto sucede en su entorno. Y la razón de ello es que el “corazón” de la Unión, la eurozona, no funciona como sería de desear y se preveía en sus orígenes, hace una quincena de años. Y no funciona porque adolece de una enfermedad “genética”, porque de salida, desde su concepción, su “corazón”: el euro, estaba mal diseñado y se ha convertido en una fuente incesante de problemas.

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