Desde las profundidades de la crisis: Cambios en la internacionalización de la economía española (parte II)

Continuamos con la segunda parte de la serie “Desde la profundidades de la crisis: Cambios en la internacionalización de la economía española” donde Enrique Palazuelos (Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid) analiza la nueva dinámica de internacionalización de la economía española que ha tenido lugar tras la crisis.

2. OTROS MECANISMOS CORRECTORES DEL DÉFICIT EXTERNO

El cierre del elevado desequilibrio externo que registraba la balanza por cuenta corriente (-9,6% del PIB) en 2007 estaba inevitablemente ligado a la mejora del saldo en el comercio de bienes (-8,7% del PIB) y, en menor medida, al desajuste entre los ingresos y los pagos por rentas (primarias y secundarias) sólo compensado en parte por el superávit del comercio de servicios. Se trata, por tanto, de examinar en qué medida unos y otros intercambios externos contribuyeron a cerrar esa brecha de las operaciones por cuenta corriente.

En primera instancia, los datos muestran que esos intercambios siguieron una pauta secuencial (también observada más adelante en los movimientos de capital) en la que cabe distinguir dos fases. En 2008-2013, su evolución hizo posible la drástica reducción del déficit por cuenta corriente, que pasó de -105 a + 8 mil millones (mm) de euros, esto es, de -9,6% a +1,4% del PIB. En 2014-2017 se consolidó el superávit hasta 22,5 mm (cerca del 2% del PIB), asistiéndose al insólito acontecimiento de un cuatrienio en el que la economía española mantuvo un notable crecimiento acompañado de un superávit externo, algo desconocido en su trayectoria  de las últimas siete décadas, salvo en 1984-86. Lo cual, además de merecer una explicación de cómo se ha producido ese proceso de corrección y consolidación, suscita el interrogante acerca de su sostenibilidad en los próximos años.

a) Importaciones

Un primer acercamiento a través de las cifras indica que tanto las exportaciones como las importaciones contribuyeron -en distinta medida- al descenso del déficit comercial en cada uno de las fases. Durante la crisis, el déficit del comercio de bienes se redujo en -83 mm (Gráfico 1 y Cuadro A1 del anexo) merced a que las ventas aumentaron en 50 mm y las compras disminuyeron en 33 mm de euros. En la nueva fase expansiva, el déficit sólo aumentó en 13 mm, merced a sendos incrementos de las ventas (41 mm) y de las compras (50 mm). Por lo tanto, considerando el período en su conjunto la brecha comercial experimentó una ostensible moderación gracias al fuerte incremento de las exportaciones y el leve aumento de las importaciones.

Un segundo acercamiento a través de las diferentes categorías de productos importados pone de manifiesto cuatro hechos relevantes. El primero es la evolución asimétrica de las compras energéticas (petróleo y gas natural) y del resto de las importaciones. En la primera fase, pese al descenso del consumo interno y de las cantidades importadas de ambos hidrocarburos, la subida de los precios internacionales hizo que el valor de las compras energéticas creciera bastante, haciendo que su cuota en las importaciones totales subiera del 15% al 23%. Las compras de las demás categorías de bienes se redujeron bastante, en consonancia con la parálisis que atenazaba a las empresas y la caída de la renta en la mayoría de los hogares. Durante la segunda fase, las importaciones de todas las categorías de productos volvieron a elevarse salvo las energéticas, ahora afectadas hasta 2016 por la sensible caída de los precios del petróleo y el gas; de manera que, a pesar de aumentar las cantidades físicas adquiridas, las compras energéticas redujeron hasta el 13% su cuota en las importaciones totales (Cuadro A2 del anexo).

El segundo hecho, derivado del anterior, es que dejando de lado los productos energéticos, el comportamiento importador de la economía se atuvo al canon tradicional: fuerte contracción durante la crisis económica (acumulando una caída del 40% durante los seis años) y rápida elevación en la fase expansiva (con un aumento del 34% en los cuatro años). Por consiguiente, la trayectoria comercial exterior que ha permitido la reducción del déficit obliga a destacar tres elementos: a) el persistente incremento de las exportaciones, b) el asimétrico comportamiento de los productos energéticos (vía precios), introduciendo una rigidez a la caída de las importaciones totales durante la crisis y c) el notable aumento de las importaciones no energéticas durante los años de expansión.

El tercer hecho destaca la posición mayoritaria de las compras de bienes intermedios. Incluso en los años de la crisis, cuando los productos energéticos elevaron su cuota en las importaciones totales, también lo hicieron los bienes intermedios; haciéndolo todavía más en la fase expansiva hasta representar más de la mitad de las importaciones totales (Cuadro A2 del anexo). Se trata de productos semielaborados entre los que, de nuevo, destaca el acusado predominio de productos mecánicos, químico-farmacéuticos, eléctrico-electrónico y componentes de automoción. Unos los importan empresas que los procesan, aumentando su grado de elaboración intermedia, para después exportarlos formando parte de cadenas de valor. Otros los importan empresas que completan su elaboración fabricando bienes finales destinados al mercado español y/o la exportación.

Ese hecho vuelve a remitir a la creciente integración de empresas españolas en cadenas globales organizadas principalmente por compañías transnacionales (CTN) a través de sus filiales, socios y proveedores. Esas cadenas concentran gran parte de la producción industrial y alrededor del 80% del comercio mundial[1]. Su dominio es apabullante en la producción de maquinaria, equipos eléctricos y electrónicos, equipos de transporte (aeronáutica, ferrocarril, barcos), automóviles, química-farmacia-plásticos y un gran número de bienes de consumo. La participación en esas cadenas explica la adquisición de una parte creciente de bienes intermedios, tanto para fabricar productos finales destinados al mercado español, como para incorporar nuevos procesos de transformación de productos semielaborados que se exportan.

La disponibilidad de las World Input-Output Tables (WIOT) permite conocer con cierta precisión la relación que existe entre el contenido de las importaciones y la proyección exportadora de cada economía, si bien los últimos datos disponibles son para el año 2014[2]. Según esa información, el indicador “hacia atrás” (backward), que ilustra sobre el contenido importador de las exportaciones españolas, ha ido aumentando a lo largo de los años y alcanza niveles elevados en la metalurgia básica), productos químicos, equipos de computación, caucho-plástico, automoción y maquinaria y equipo.

El cuarto hecho se refiere a las otras dos categorías de productos importados: los bienes de consumo -incluidos automóviles y alimentos- y los bienes de capital –maquinaria y equipos de transporte-. Ambas respondieron al comportamiento cíclico previsible, esto es, mermando sus compras (sobre todo los automóviles y los bienes de capital) durante la crisis y recuperándolas durante la expansión. No obstante, las compras de bienes de capital en 2017 seguían siendo claramente inferiores a las registradas en 2007, por lo que su cuota en el total de las importaciones, además de ser reducida, ha descendido hasta el 8,5%.

Este rasgo ilustra sobre la débil especialización en maquinaria y material de transporte de la economía española en el comercio internacional., con escasas líneas de producción que se sustraigan a esa flaqueza. Es la otra cara de la moneda que se deriva de la posición de las empresas (nacionales y filiales extranjeras) insertadas en cadena de valor dedicadas a comprar y procesar productos intermedios destinados al exterior y a participar en el montaje y otros procesos finales de ciertos productos destinados también a la exportación. Según las WIOT, el indicador “hacia adelante” (forward) que desvela las exportaciones (de bienes intermedios) que volverán a ser re-exportadas a terceros países, aumentó con lentitud hasta 2011 y luego se frenó, presentando un valor relativo bastante bajo, con escasas excepciones que se localizan en productos de madera, papel y algunos químicos[3].

A diferencia de lo sucedido con el rápido aumento de la tasa de apertura por el lado de las exportaciones, la tasa de penetración (importaciones/PIB) apenas se ha modificado entre 2007 y 2017: del 26,3% cayó al 25% en la primera fase y volvió al 26,7% en la segunda fase. Al mismo tiempo, la notable diferencia entre los indicadores backward y forward revela la posición secundaria que ocupa la especialización productiva en las cadenas globales. Esa diferencia sugiere que las empresas que desde territorio español participan en cadenas de valor internacionales lo hacen primordialmente como fabricantes de productos intermedios que exportan y como ensambladoras de productos finales destinados a la exportación.

 

 

[1] OECD, WBG, IDE-JETRO, WTO (2017), Global Value Chain Develpment Report 2017, Measuring and Analyzing the Impact of GVC on Economic Development, OECD, París.

[2] World Input-Output Tables: http://www.wiod.org/database/wiots16 Una introducción puede consultarse en Prades E. y Villanueva P. (2017), “España en las cadenas globales de valor”, Boletín Económico, Banco de España, nº 3/2017.

[3] Un caso de referencia es el de la industria de automóviles y componentes, con nula presencia de empresas españolas en la fabricación final, pero una presencia destacada en la elaboración de componentes. En 2014, su backward se situaba en el 30%, mientras que su forward era el 5%, ilustrativo de que gran parte de las filiales extranjeras concentraban su actividad en tareas de ensamblaje de vehículos que después enviaban a los mercados de destino.