Desde las profundidades de la crisis: Cambios en la internacionalización de la economía española (parte III)

Continuamos con la tercera parte de la serie “Desde la profundidades de la crisis: Cambios en la internacionalización de la economía española” donde Enrique Palazuelos (Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid) analiza la nueva dinámica de internacionalización de la economía española que ha tenido lugar tras la crisis.

 b) Servicios y rentas

Es habitual que la constatación del saldo favorable que la economía española obtiene en la balanza de servicios se relacione con la importancia de la partida de turismo y viajes como contrapeso al déficit de la balanza de bienes. Efectivamente, ese efecto compensatorio queda patente al comprobar el fuerte incremento de los ingresos por turismo, pasando de 40 mm hasta 2011 a 60 mm en 2017. El sector turístico ha podido aprovecharse simultáneamente de la recuperación de la renta en los países europeos de los que proceden los turistas y de las dificultades por las que han atravesado otros destinos turísticos del Mediterráneo, proporcionando  unos crecientes superávits que superan los 40 mm en 2017 (más del 3% del PIB).

No obstante, al mismo tiempo, es preciso considerar la contribución que realizan otros servicios, sobre todo porque sus saldos positivos son una novedad y porque están vinculados a los grandes flujos de inversión en el exterior de las empresas españolas, abordados en el tercer apartado. Todavía en 2007 el conjunto de los servicios distintos a turismo y viajes arrojaba un saldo deficitario que se reflejaba en casi todas sus partidas. La situación comenzó a variar desde 2012, cuando el aumento de los pagos fue menor que el de los ingresos.

De ese modo, los servicios ajenos al turismo comenzaron a proporcionar superávits que desde en 2014 se situaron por encima de los 10 mm. Partidas como los seguros y el uso de la propiedad intelectual siguieron arrojando saldos negativos y otras como los servicios de transporte y los financieros convirtieron sus pasados déficit en pequeños superávit. Las partidas que han protagonizado el cambio de signo son los servicios de telecomunicación-informática, los servicios empresariales (técnicos, comerciales, consultoría y otros) y los de construcción, cuyos crecientes saldos favorables están asociados principalmente con el intenso proceso de internacionalización de las empresas españolas en diversos sectores.

En los últimos años, las partidas no ligadas a turismo y viajes aportan alrededor del 52% de los ingresos y más de la cuarta parte del saldo positivo que arroja la balanza de servicios, Como consecuencia, el mayor saldo positivo por turismo y el nuevo saldo positivo del conjunto de las otras partidas hizo que desde 2012 el superávit de la balanza de servicios fuese mayor que el déficit de la balanza de bienes (Gráfico 2 y Cuadro A3 del anexo). Así, al considerar de forma agregada el comercio de bienes y servicios su saldo negativo, equivalente al 7% del PIB en 2007, se convirtió en un saldo positivo equivalente al 1,8% del PIB en 2012, y después se mantuvo en torno al 2-3%.

El otro ámbito exterior que experimentó alteraciones significativas fue el intercambio de rentas. El cambio de metodología impide construir series homogéneas para todo el período 2007-2017, debido a la introducción de una nueva manera de computar lo que anteriormente eran las balanzas de rentas y de transferencias, y después son las balanzas por rentas primarias y secundarias. La mayor alteración concierne al modo de clasificar los flujos con la Unión Europea, figurando unos como rentas primarias, otros como rentas secundarias y otros, según veremos, como transferencias de capital.

Gráfico 2: Saldo de los componentes de la Balanza por Cuenta Corriente 2007-2017: miles de millones de euros (ordenada izquierda) y porcentaje sobre el PIB (ordenada derecha).

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Fuente: Banco de España.

Dentro de las rentas primarias, en los ingresos se incluyen los procedentes de FEAGA (precios agrícolas garantizados) y en los pagos se contabiliza la aportación española al presupuesto comunitario de los denominados recursos propios (sobre todo, los derechos de aduana). No obstante, la partida fundamental entre las rentas primarias sigue siendo el intercambio de rentas de inversión no sólo por la magnitud de sus flujos de ingresos y pagos, sido porque su comportamiento es el que ha registrado el cambio más relevante durante el período.

El hecho clave ha sido la senda declinante seguida por los pagos de rentas de inversión. Tras mantenerse cercanos a 70 mm de euros hasta 2011, cayeron bruscamente en 2012-14 y siguieron disminuyendo hacia los 50 mm. Ese fuerte descenso recayó decisivamente sobre los pagos realizados por las instituciones financiero-monetarias (bancos y cajas) cuyo monto de salidas se redujo de 25 a 9 mm, mientras que las empresas y las entidades financieras no monetarias[1] lo hicieron con suavidad (de 35 a 31 mm) y las Administraciones Públicas elevaron su cuantía. La sangría inicial se realizaba principalmente a través de los pagos por los intereses que generaban los títulos de deuda y los préstamos recibidos, además de la repatriación de beneficios obtenidos por inversiones directas y de dividendos por la compra de acciones. El cambio producido desde 2012 afectó a los dos primeros conceptos, produciéndose un fuerte descenso de los intereses devengados por los títulos en manos de extranjeros y por los préstamos concedidos desde el exterior, a pesar de que siguieron aumentando las salidas por beneficios y dividendos.

El descenso de los pagos estuvo motivado por tres factores que operaron de manera conjunta: el rescate bancario, la actuación del BCE y el desapalancamiento empresarial. El rescate acordado por las instituciones europeas en el verano de 2012, mediante la apertura de una línea de crédito de 100 mm de euros, tuvo como principales exigencias el endurecimiento de la política económica “de austeridad”, la implantación de sucesivas reformas (laborales, pensiones, financieras) y el traslado al gobierno español del compromiso de devolución del préstamo finalmente utilizado para sanear el sistema financiero. A su vez, el BCE adoptó varios acuerdos que redujeron la presión que ejercían los mercados financieros sobre las necesidades de financiación del gobierno, los bancos y las empresas españolas.

Esa conjunción de medidas tuvo dos efectos inmediatos seguidos de otros dos posteriores. De forma inmediata, se produjo una minoración del volumen de deuda a cargo de los bancos y las cajas de ahorro rescatados, con lo que se redujo el pago por los intereses derivados de esas deudas. A la vez, se produjo una notable caída de los tipos de interés por las emisiones de títulos de deuda pública, con lo que se redujo el pago por ese concepto. En segundo término, la dureza de la política de austeridad y las reformas aplicadas por el gobierno propiciaron otros dos efectos (más adelante expuestos al analizar la cuenta financiera) que contribuyeron a moderar los pagos por intereses: la rapidez con la que el gobierno inició la amortización del préstamo de rescate y el desapalancamiento privado (bancos y empresas no financieras) con respecto a la deuda externa que tenían contraída.

Así fue cómo, mientras los ingresos por rentas de inversión se mantenían en torno a 45 mm de euros –con una suave caída en 2012-13- los pagos disminuyeron en casi 20 mm para situarse en 50 mm, dando lugar a que el saldo negativo descendiera hasta 5 mm. Un saldo que, además, era compensado casi en su totalidad por el superávit de las rentas del trabajo y, sobre todo, el saldo favorable de rentas primarias con la Unión Europea. Así fue cómo en 2017 la balanza por rentas primarias arrojó un mínimo saldo negativo (Cuadro A3 del anexo).

Finalmente, las rentas secundarias realizaron su contribución mediante la moderación de su saldo desfavorable determinado por sus dos partidas principales: la salida de remesas de emigrantes y los flujos con la Unión Europea, que contabilizan los pagos aportados por España sobre las cuotas de IVA y del PIB, y los ingresos procedentes del Fondo Social Europeo y de otros fondos. Ambas partidas, así como la de cooperación internacional, han reflejado saldos negativos.

Inicialmente, la salida por las remesas que los emigrantes envían a sus países de origen se contuvo, debido a que muchos perdieron su empleo, otros redujeron sus salarios y otros regresaron a sus países. Sin embargo, después han vuelto a elevarse, de modo que el conjunto de las transferencias -privadas y públicas- no vinculadas con la UE experimentó un pequeño aumento del déficit entre 2012 y 2017, pues los ingresos aumentaron (hasta 14,3 mm) menos que los pagos (hasta 18,4 mm), lo que dio lugar a que el saldo negativo pasara de 3,2 a 4 mm. Por su parte, los ingresos y pagos con la UE fueron descendiendo en magnitudes similares, de modo que su déficit se mantuvo cercano a 8 mm. Es así que, el saldo negativo de la balanza de rentas secundarias se sitúa en 12 mm, equivalente a casi el 1% del PIB en 2017 (Cuadro A3 del anexo).

c) Cierre de la brecha exterior: condicionantes de su sostenibilidad

La evolución de las distintas operaciones corrientes aporta como evidencia inequívoca que el cierre de la brecha exterior se produjo en las dos fases señaladas: en la primera se corrigió el déficit y en la segunda se consolidó el superávit de la balanza por cuenta corriente. Entre 2008 y 2013, el saldo alteró su signo, pasando de -105 mm en 2007 a +15 mm en 2013, esto es, de -9,6% a +1,4% del PIB, merced al mejor comportamiento de todas las sub-balanzas. El saldo de bienes redujo su déficit debido a que las exportaciones aumentaron y las importaciones se contrajeron. El saldo de servicios aumentó debido a que los ingresos aumentaron y los pagos disminuyeron. El saldo negativo de rentas -primarias y secundarias- se redujo debido principalmente al descenso de los pagos por intereses de préstamos y títulos de deuda.

A continuación, entre 2014 y 2017, cuando la economía volvió a registrar un notable ritmo de crecimiento, la balanza por cuenta corriente consolidó su posición superavitaria hasta alcanzar un saldo de 22 mm de euros, próximo al 2% del PIB. El intercambio de bienes elevó de forma leve su déficit, merced a que el incremento de las importaciones fue compensado en gran medida por el que registraron las exportaciones. El intercambio de servicios mejoró su saldo positivo, ya que el notable aumento de los ingresos superó al también significativo de los pagos. El intercambio de rentas primarias se acercó a un saldo nulo porque los ingresos tuvieron un cierto incremento y los pagos descendieron. El intercambio de rentas secundarias moderó su déficit porque el incremento de los ingresos superó al de los pagos.

Cuadro 1: Saldos de las sub-balanzas de la balanza por cuenta corriente

Cuadro1

* La mejora significa un incremento de los ingresos y/o de una disminución de los pagos durante el intervalo, según la información de los cuadros A1 y A3 del anexo.

Para simplificar la visualización de las variaciones las cifras están expresadas sin decimales. Fuente: Banco de España, Boletín Económico, varios números; el último de 05/2018.

Teniendo en cuenta los respectivos comportamientos, las posibilidades de que el sector exterior pueda sostener ese superávit en el futuro -bajo el supuesto de que la economía mantenga un ritmo de crecimiento similar al de los últimos años- están supeditadas a un conjunto de condicionantes.

En primer lugar, que se mantenga el ritmo de crecimiento de las exportaciones, lo cual depende de que:

  • el comercio internacional no experimente un deterioro que reduzca las demandas recíprocas de las economías nacionales,
  • se afiancen los nuevos mercados exteriores de bienes finales que se han abierto en los últimos años,
  • se consoliden las capacidades exportadoras generadas a través de la inserción en cadenas internacionales, con la posible mejora del contenido tecnológico de los productos intermedios fabricados,
  • continúen los flujos de entrada de inversión directa extranjera,
  • se amplíen los efectos de arrastre exportador que la internacionalización de las empresas españolas pueden proporcionar en ciertas ramas de la industria.

En segundo lugar, que se mantenga la moderación del crecimiento de las importaciones, dependiendo principalmente de:

  • los precios internacionales del petróleo y el gas natural,
  • la presión importadora de los productos exportados que forman parte de cadenas internacionales.

En tercer lugar, que se mantenga o se incremente el saldo del comercio de servicios, mediante:

  • el aumento de los ingresos por turismo,
  • el aumento de los ingresos por servicios ligados a la internacionalización de empresas españolas,
  • la moderación en el incremento de los pagos vinculados a la posición de las empresas que participan en cadenas internacionales.

En cuarto lugar, que se mantenga el reciente equilibrio alcanzado en el intercambio de rentas primarias, merced a:

  • el aumento de ingresos por inversión de empresas españolas en el exterior,
  • la moderación de los intereses pagados por préstamos y deuda pública,
  • la moderación de las salidas por los beneficios por inversión directa obtenidos por las filiales de empresas extranjeras,
  • la continuidad de cierta aportación neta procedente de la UE.

En quinto lugar, que se mantenga o se reduzca el déficit del intercambio de rentas secundarias, como consecuencia de:

  • el aumento de los ingresos o la contención de los pagos desde la UE
  • la moderación del aumento de las salidas por las remesas de los emigrantes.

Si se considera la magnitud de los respectivos flujos, las variables más decisivas del comportamiento de la cuenta corriente son las que conciernen a las ventas y compras de bienes, y a los ingresos por servicios. Sin embargo, la persistencia del superávit podría ser cuestionada si se produjese un serio deterioro de las posiciones que arrojan las rentas primarias y secundarias.

Además, según lo expuesto, queda patente que las operaciones corrientes guardan una creciente interconexión con los movimientos de capitales, que se examinan a continuación.

[1] Entre las denominadas “instituciones financieras no monetarias” destacan los fondos de inversión y otros intermediarios y auxiliares financieros, las empresas de seguros y los fondos de pensiones.