Desde las profundidades de la crisis: Cambios en la internacionalización de la economía española (parte V)

Continuamos con la quinta parte de la serie “Desde la profundidades de la crisis: Cambios en la internacionalización de la economía española” donde Enrique Palazuelos (Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid) analiza la nueva dinámica de internacionalización de la economía española que ha tenido lugar tras la crisis.

b) Salidas: suave retroceso seguido de un boom exportador de capital

La presencia de capital en el exterior también experimentó un corte brusco con su trayectoria anterior en 2008 que se prolongó de manera más suave y discontinua hasta 2013. Después resurgió con una fuerza inaudita no sólo por la magnitud que alcanzó sino por las singularidades que incorporó la exportación de capitales. Frente a un monto de salida neta de 150 mm en los seis años del intervalo 2008-2013, durante el cuatrienio 2014-2017 se generó un flujo de salidas por encima de 510 mm de euros.

También en el caso de las salidas, la inversión directa fue la modalidad más estable entre ambos intervalos y que acumuló un mayor volumen de recursos trasladados al exterior. Tocaron fondo en 2009 y en 2011, pero el resto de los años mantuvieron cifras que oscilaron entre 20 y 50 mm anuales, con un claro predominio de las empresas no financieras y cierta presencia de los bancos y de fondos de inversión y otras entidades financieras no monetarias. La creación de filiales en el exterior y la compra de empresas extranjeras han promovido cuatro novedades asociadas a la elevada magnitud de los flujos inversores.

En primer lugar, se ha acrecentado la internacionalización de un cierto número de empresas de tamaño medio dedicadas a construcción, infraestructuras, energías renovables y otras actividades, participando en un proceso que previamente estaba acotado a un selecto grupo de grandes empresas dedicadas sobre todo a ciertos servicios (bancos, telecomunicaciones, suministros de energía y agua). No obstante, estas grandes empresas siguen siendo las mayores exportadoras de capital, siendo destacable que para financiar esa inversión exterior muchas de esas empresas recurren a la entrada de fondos extranjeros en su capital accionarial.

En segundo lugar la proporción de la cifra de negocio que las empresas internacionalizadas realizan en el extranjero ha crecido de modo fulminante, profundizando la dinámica iniciada en la década anterior. Tomando las empresas del Ibex-35, el porcentaje de negocio realizado en el exterior ya había crecido con rapidez de 1997 a 2007, pasando de 24% a 47% y posteriormente lo ha seguido haciéndolo con celeridad hasta convertirse en muy preponderante: 60% en 2011 y 66% en 2016; de modo que apenas una tercera parte de sus ingresos proceden del mercado español[1]. Significativamente, ese porcentaje sólo varía ligeramente cuando se considera el caso de las empresas internacionalizadas de menor tamaño. Tal vez el exponente más representativo de ese cambio radical se ejemplifica en la experiencia de las grandes constructoras. En 2008 sólo Ferrovial y OHL presentaban una cuota mayoritaria de su negocio en el extranjero, mientras que en 2016 en todas ellas la cuota externa era muy superior, siendo un ejemplo extremo el de ACS, la firma líder del sector,  ya que entre ambas fechas elevó su cuota en el exterior del 26% al 87%[2].

En tercer lugar, la creación de empresas filiales y otras participadas ha aumentado sobre todo en las economías de mayor desarrollo, esto es, las principales de la Unión Europea, Estados Unidos y otros países de la OCDE, creciendo en menor medida las situadas en zonas asiáticas, africanas y latinoamericanas. En 2007 la presencia en países ajenos a la OCDE concentraba casi la mitad de la cifra de negocio realizado fuera de España por las empresas del Ibex-35, mientras que en 2016 esos países representan algo más de la tercera parte; también descendió la proporción de la cifra realizada en países de la UE del 38% al 31%. Como contrapartida, la parte que corresponde a los países de la OCDE no-UE se elevó desde el 16% hasta el 34%[3].

En cuarto lugar, esa internacionalización ha contribuido a impulsar ciertas exportaciones de bienes y servicios, arrastradas o favorecidas por la presencia de un mayor número de empresas localizadas en esos grandes mercados. De hecho, una parte de la cuota de negocio en el exterior está asociada a la realización de inversiones que favorecen la comercialización de productos fabricados en España, a la vez que para facilitar la gestión de proyectos con los que optar a concursos de inversión y/o de gestión de infraestructuras relacionadas con la distribución de agua o electricidad, autopistas, puertos, redes ferroviarias y de metro, carreteras, instalación de parques eólicos y abastecimiento de equipos, tratamiento de residuos, hospitales y otras edificaciones.

Por su parte, las salidas en la modalidad de inversión en cartera observaron la misma secuencia que las entradas: retirada neta hasta 2013 y fuerte reactivación posterior. En la primera fase, el empeoramiento afectó a todos los agentes, fuesen bancos, otros intermediarios financieros o empresas no financieras. En la segunda fase la expansión estuvo impulsada por los fondos de inversión y otros intermediarios y por empresas no financieras, siendo reducida la exportación de capital (compra de acciones y títulos extranjeros) a cargo de los bancos y de las administraciones públicas. Finalmente, la evolución de los préstamos y demás inversiones ha estado marcada por los rigores que se derivaban del fuerte endeudamiento que antes de la crisis habían contraído los bancos y cajas, y muchas empresas, lo que les obligó a realizar un esfuerzo de desapalancamiento, quedando un escaso margen para que ciertos bancos y empresas ejercieran como acreedores frente al exterior.

Sintetizando el rumbo dispar de las tres categorías de flujos se constata que el intervalo 2008-2013 registró modesto flujo de salidas que estuvo sostenido por la inversión directa y los préstamos, con un retroceso de la inversión en cartera, mientras que en 2014-2017 el flujo fue mayor porque al incremento de la cuantía por inversión directa se sumó una fuerte expansión de la inversión en cartera; no así de préstamos si se excluye al Banco de España (Cuadro 2)

La posición internacional, dejando al margen las operaciones del Banco de España, indica que:

  • durante la primera fase hubo una reducción de casi 60 mm de los activos españoles en el extranjero, mientras que la segunda fase se produjo un fortísimo incremento de los activos del exterior, cercano a 400 mm,
  • la inversión directa aumentó en ambos intervalos, proporcionando un incremento global superior a 250 mm a lo largo del período,
  • la inversión en cartera superó con creces durante la segunda fase el descenso experimentado en la primera, de modo que al final del período elevó su valor en 110 mm
  • los préstamos y demás inversiones no lograron resarcir en la segunda fase la disminución que sufrieron en la primera, si bien el descenso acumulado en todo el período (cercano a 30 mm) fue muy inferior a los grandes aumentos de las inversiones directas y en cartera.
  1. c) Situación insólita para la inserción exterior española

Finalmente, cuando se asocia la evolución de los movimientos de capital con la corrección de la brecha en la cuenta corriente se completa la perspectiva del cambio que ha experimentado de inserción exterior de la economía (Gráfico 3). La dinámica fuertemente expansiva de la demanda agregada, espoleada por la burbuja financiera-inmobiliaria, generó una creciente necesidad de ahorro externo. Todavía en 2008 el déficit por cuenta corriente superaba el 9% del PIB, apenas corregido en unas décimas por la entrada neta que aportaba la balanza de capital. En ese momento, la necesidad de atraer financiación exterior chocó con las restricciones e incertidumbres que ocasionaba la generalización de la crisis financiera a escala mundial. Se abrió un escenario radicalmente distinto que se caracterizaba por una severa restricción a la afluencia de nuevos capitales.

Se hundió entonces la entrada de préstamos y la destinada a comprar títulos de deuda privada -sobre todo de los bancos y cajas- a la vez que se frenaba la entrada de inversión directa, no así la dirigida a deuda emitida por el gobierno y varias administraciones autonómicas. Sin considerar las operaciones del Banco de España, la cuenta financiera pasó de 86 y 70 mm de 2007-2008 a menos de 28 mm en 2011, esto es, del 7,8% al 2,3% del PIB. Un menguante ahorro externo que se correspondía con el declinante déficit de la cuenta corriente más las transferencias de capital (del 9,2% al 3,4% del PIB).

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A continuación, el draconiano ajuste interno y las variaciones de los saldos de bienes y servicios mitigaron más el déficit corriente (-0,3% en 2012) mientras se producía un notable saldo neto de salidas por el lado de la cuenta financiera. El reajuste se concentró en las entidades financieras y, parcialmente, en las administraciones públicas, a través de las inversiones en cartera y los préstamos, compensados después a raíz del rescate europeo de los bancos españoles por la elevada cifra positiva de las operaciones del Banco de España.

El bienio 2012-2013 marcó el punto de inflexión que supuso la consolidación de un sector exterior caracterizado por una cuenta corriente excedentaria y una cuenta financiera deficitaria que plasmaba una elevada exportación neta de capital (200 mm entre 2015-17), cifra que adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que las entradas de capital también han sido cuantiosas. El protagonismo exportador de capital ha recaído principalmente en las empresas no financieras, los fondos y otras entidades financieras no monetarias, que han sumado un saldo neto superior a 220 mm, siendo menor la contribución de los bancos (60 mm), mientras que las administraciones públicas registran un saldo neto de entrada (80 mm). Desde el punto de vista del tipo de inversión, el saldo exportador se constata en las tres categorías, más por el lado de la inversión directa (90 mm), pero también por la inversión en cartera y los préstamos.

[1] J. Carbonell et al (2017): ”Casi el 66% de la facturación de las cotizadas españolas se hace en el exterior”, Servicio de Estudios de BME. No obstante, estos datos deben tomarse con cautela teniendo en cuenta lo que se comenta más adelante en la nota 15.

[2] Según sus memorias anuales, Acciona pasó del 24% al 56%, Sacyr del 21% al 51%, Ferrovial del 65% al 77%, OHL del 59% al 77% y FCC del 44% al 45%.

[3] J. Carbonell et al (2017): ”Casi el 66% de la facturación de las cotizadas españolas se hace en el exterior”, Servicio de Estudios de BME. No obstante, el destino efectivo de muchas inversiones resulta difícil de precisar en términos de países y de actividades, ya que un porcentaje que cada año puede oscilar entre el 30-40% de las salidas se dirige a países “de tránsito”, como Luxemburgo y Holanda, donde se ubican en mayor medida sociedades instrumentales, sobre todo las integradas bajo la denominación genérica de “entidades tenedoras de valores extranjeros”, sin otros propósitos que aprovecharse de las ventajas fiscales que otorgan esos países y de dotar de opacidad a sus operaciones en el exterior.