Nuevo escenario para la corresponsabilidad con la equiparación de los permisos por nacimiento

Carmen Castro García  es doctora en Economía. Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA). @SinGENEROdDUDAS

Se abre un nuevo escenario para la corresponsabilidad con la equiparación de los permisos por nacimiento. El pasado 1 de abril finalmente entraba en vigor la reforma legislativa que establece el objetivo de equiparación de los permisos para padres y madres, reconociendo la necesidad de que sus permisos sean iguales, intransferibles y pagados al 100% con una hoja de ruta de 3 años para hacerla efectiva gradualmente (RDL 6/2019). 13 años de insistencia activista desde la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción han dado resultado.

Celebro que tras tantas idas y venidas, reuniones, anuncios y votaciones en el Congreso de los Diputados, finalmente se haga realidad el derecho de cualquier persona a cuidar a su bebé en igualdad, independientemente de su sexo y de cómo haya conformado su núcleo familiar. Lo celebro, en lo personal y en lo político; en lo personal, por la satisfacción tras haber dedicado más de 10 años de investigación a este tema, una tesis doctoral, resumida después en un libro, en algunos capítulos y unos cuantos artículos más; y también lo celebro en lo político, porque el activismo compartido en la ppiina ha sido una práctica de inteligencia colectiva y feminista en movimiento, que ha conseguido ir sumando voces plurales, desde diversos ámbitos, en una vindicación común y una propuesta de incidencia política para conseguir aterrizarla a las vidas cotidianas. Hubiera preferido que en esta reforma legislativa se recogieran plenamente los detalles de la PL que había presentado el grupo parlamentario de Unidas Podemos – En Comú Podem – En Marea, porque recogía íntegramente el diseño de reforma que hemos estado proponiendo desde la PPiiNA. Los matices importan, por ello, aunque sin duda es un momento histórico para el avance en corresponsabilidad, conviene prestar atención a cómo se irá haciendo efectiva la equiparación durante el periodo transitorio previsto hasta 2021 ya que podría perder el potencial transformador que tiene dicha reforma legislativa.

La importancia del potencial transformador es el desafío que puede suponer a las relaciones desiguales de poder implícitas en la hegemonía cultural patriarcal. De ahí mi interés en medir la potencialidad género-transformativa, poniendo el foco de atención en el diseño de las políticas públicas y su previsible efecto, para impregnarlas de la capacidad de transformar las desigualdades de género de manera efectiva. Este índice, construido inicialmente para el análisis comparado de 27 países europeos con datos de 2012, y actualizado con datos de 2015, revelaba que aún en los países con mayor compromiso en igualdad de género, las inercias de la división sexual del trabajo se mantienen presentes en el sistema de permisos por nacimiento, reflejando la permanencia de los roles de género. El índice da un valor a la capacidad transformadora de las “normas sociales de género” implícita en

la configuración actual de los sistemas de permisos por nacimiento en Europa. Entre las novedades que aporta el análisis de la potencialidad género-transformativa es una perspectiva diferente a  la percepción sobre determinados supuestos modelos de bienestar e incluso de algunos regímenes de género percibidos como ‘amigables con las mujeres’.

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Hay dos enfoques determinantes del diseño de los permisos por nacimiento en Europa, el enfoque maternalista y el enfoque género-transformativo. El primero de ellos, el maternalista, remite al papel preeminente de las mujeres-madres como cuidadoras, casi en exclusividad. Desde las concepciones más tradicionalistas que ofrecen a las mujeres un periodo de uno a tres años de permiso para su dedicación plena a la crianza, a otras que se orientan a mantenerlas en la doble jornada, facilitando que puedan “conciliar” su responsabilidad en los cuidados con la vuelta al mercado laboral, a través de la reducción de jornada y/o el empleo a tiempo parcial. En cualquiera de estas versiones maternalistas los padres (en las familias heteronormativas) están ausentes o, en el mejor de los casos, son considerados como colaboradores eventuales y no como corresponsables, siendo la duración de sus permisos de 2 días a un par de semanas máximo. En algunos países la implicación estatal mantiene la vigencia de este enfoque complementando el rol de las madres con servicios de apoyo al cuidado, aunque sin intervenir en facilitar una mayor implicación paterna. El segundo enfoque, el género-transformativo (positivo), está basado en la simetría de género aplicada al diseño de los permisos, buscando intencionadamente la implicación activa de los padres a través de permisos intransferibles bien remunerados; esta combinación es la que incide de manera efectiva en un mayor uso e implicación paterna, siendo la duración de sus permisos de 4 a 13 semanas. Aún así, en estos países con una apuesta más decidida a la transformación del contrato de género, se mantiene todavía una relativa resistencia a la plena equiparación, que viene en forma de la ficción de la ‘libre elección’ familiar, a través de una parte del tiempo de permiso transferible o intercambiable; se trata de una absoluta excepcionalidad en los derechos laborales, difícilmente justificable hoy en día.

Sostengo que es posible diluir la rigidez del sistema sexo-género en el cuidado infantil actuando sobre el diseño del sistema de permisos por nacimiento (complementando con otras medidas necesarias para la distribución equitativa de tiempos y trabajos con una fuerte implicación institucional a través de la creación de empleo y servicios públicos para el cuidado).

Con la reforma legislativa vigente desde el 1 de abril, se abre un nuevo escenario para la corresponsabilidad en España; y, si bien es evidente que las políticas de permisos por nacimiento son una pieza de todo el puzzle posible de políticas género-transformativas, la pregunta que queda en el ambiente es si con este proceso de equiparación de los permisos por nacimiento contribuiremos a una corresponsabilidad efectiva de las personas trabajadoras adultas en los hogares y a una corresponsabilidad entre lo público y lo personal. Las evidencias del uso de permiso de paternidad intransferible en España, que coinciden con las pautas identificadas en otros países, nos induce a ser optimistas; desde su aprobación, un alto porcentaje de padres lo han estado usando (aproximadamente el 85%) y el tiempo usado prácticamente ha sido la duración de su permiso intransferible (durante 2018, el promedio de uso fue de 4 semanas durante el primer semestre y de 4,9 semanas durante el segundo, en el que ya pudieron acceder a la quinta semana de permiso propio).

Obviamente esta reforma no es la panacea, pero sí un paso importante cuya efectividad dependerá de los matices con los que se vaya implementando y de que no se cuelen trampas patriarcales que nos atrapen una vez más en la rigidez de la división sexual del trabajo.

Así pues, que el nuevo escenario de corresponsabilidad vaya conformándose con esta reforma, dependerá, entre otras cuestiones, de que consigamos que se cumplen determinadas condiciones sobre las que alerta la PPiiNA en su última publicación:

  1. Que la obligación de simultanear el permiso se mantenga en las dos semanas actuales, en 2020 y 2021, concediendo el derecho a las personas progenitoras a decidir si quieren usarlo al mismo tiempo o de manera consecutiva.
  2. Que se siga pudiendo tomar el permiso a tiempo completo sin necesidad de acuerdo de la empresa, lo que permitirá diluir la presión sobre los hombres-padres para que no se ausenten totalmente de su empleo.
  3. Que el permiso a tiempo parcial siga siendo incompatible con la jornada reducida, evitando así que las mujeres-madres alarguen el tiempo de dedicación exclusiva a la crianza con salario-reducido.

Todo un reto, conseguir que este nuevo escenario se abra a posibilitar realmente la corresponsabilidad y a subvertir la división sexual del trabajo. Agarremos impulso porque, aunque el proceso es aparentemente corto, el riesgo de baches y terraplenes auguran un periodo transitorio lleno de intensidad.