Productividad, salarios monetarios y empleo: una paradoja (I)

José Manuel Rodríguez (Profesor de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid)

Desde perspectivas políticas no liberales, e incluso desde organismos como la Comisión Europea (https://elpais.com/economia/2018/04/04/actualidad/1522871110_316048.html), es habitual defender cuando se habla de política de rentas que los salarios reales deberían crecer al mismo ritmo que lo hace la productividad, lo que en el caso español no ocurre.

El salario real w, es el cociente entre el salario monetario, Wm, y el nivel de precios, P, siendo P el deflactor del PIB. Por lo tanto, el salario real pude crecer ya sea por un aumento del salario monetario o por una reducción del nivel de precios.

Lo que quiero exponer son algunas consecuencias no deseadas que se seguirían de una posición de los sindicatos que optara por un aumento de los salarios monetarios ante un aumento de la productividad, frente a los posibles efectos positivos de una reducción en el nivel de precios.

(1) PY= Wm*N*q

Donde PY es el PIB nominal a coste de los factores, Wm es el salario monetario medio por ocupado, N es el número de ocupados y q>1 es el margen de beneficio.

(2) q = PY/ Wm*N = z/w = 1/t= 1/CLUR

Donde z es la productividad media por ocupado, t es la participación de los salarios en el PIB, y CLRU son los costes salariales unitarios en términos reales.

Ante un aumento de la productividad, si los salarios reales crecieran en la misma proporción, la distribución de la renta permanecería constante al igual que los costes laborales en términos reales.

A partir de (1) se puede obtener también la siguiente ecuación de precios en una economía:

(3) P = Wm*q/ z

Por otro lado, el nivel de empleo viene dado por la ecuación (4)

(4) N= Y/z

La evolución del nivel de empleo depende de la relación entre el crecimiento del PIB real Y, y el crecimiento de la productividad media.

La tasa de inflación a partir de la ecuación (3), es:

(5) (∆ P/ P) = (∆ Wm/Wm)- (∆z/z) + (∆q/q)

Y la tasa de variación del empleo a partir de la ecuación (4) viene dada por:

(6) (∆N/N) = (∆Y/Y) – (∆z/z).

Por otro lado, existe la relación de demanda agregada que liga la variación en el nivel de precios con la variación en el nivel de producción. Llamando α a la elasticidad en valor absoluto de la producción con respecto a los precios

(7) ∆Y/Y =- α (∆P/P)

Supuesto que el margen de beneficios q permanece constante, y por la tanto la distribución de la renta no varía, la variación del empleo sería:

(8) (∆N/N) = -α (∆ Wm/Wm) + (∆z/z) (α- 1)

Esta ecuación permite aproximarse al análisis de los efectos de un aumento en la productividad, si la distribución de la renta no varía, sobre el empleo. Es evidente que los efectos dependerán de la elasticidad precio de la demanda agregada y de la variación de los salarios monetarios ante el aumento de la productividad.

Existen posibles situaciones:

CASO 1.  El aumento de productividad se traslada a un aumento de los salarios monetarios. Es la situación en la que los salarios monetarios crecen exactamente igual que las igual que la productividad ((∆ Wm/Wm) = (∆z/z)). De la ecuación (8), se deduce inmediatamente que en este caso el empleo disminuye en la misma proporción en la que crece la productividad, independientemente de cuál sea el valor de la elasticidad precio de la demanda agregada, α :

(9) (∆N/N) = – (∆z/z)

Los salarios reales crecen igual que la productividad, pero el nivel de empleo disminuye.

CASO 2. El aumento de productividad no se traduce en un aumento de los salarios monetarios. En este caso puede la variación en el nivel de empleo sería:

(10) (∆N/N) = (∆z/z) (α- 1)

Los efectos sobre el empleo dependen de la elasticidad de la demanda. Si la demanda es elástica (α > 1) el empleo crece, si es unitaria (α= 1) el empleo no varía y si la demanda es inelástica (α<1) el empleo disminuye.  Pero en todos los casos, aunque el salario monetario no varíe, el salario real crece en la misma proporción en la que aumenta la productividad. El supuesto de que la distribución de la renta permanece constante garantiza que los salarios reales se mueven el mismo ritmo que lo hace la productividad. Y el salario real aumenta  como resultado de la disminución del nivel de precios, que sería igual al aumento de la productividad.

Pues bien, la paradoja es que, si los sindicatos consiguen que los salarios monetarios crezcan “pari passu” con el aumento de la productividad, el resultado sería una disminución en el nivel de empleo. Por el contrario, si los salarios monetarios no varían cuando aumenta la productividad el empleo aumentará si la demanda es elástica y el aumento de productividad se traslada totalmente a precios.

CASO 3. ¿Qué tiene que ocurrir para que aumente el empleo si la demanda es inelástica? Como parece ser, esta sería la situación relevante para la economía española en la que la disminución en el nivel de precios actuaría sobre el nivel de producción con un efecto pequeño, pero significativo, a través de la variación en el tipo de cambio real y por lo tanto sobre la demanda externa neta.

En este caso, la ecuación (8) nos muestra que los salarios monetarios tendrían que disminuir, aunque aumentara la productividad si se quiere que aumente el empleo. Por ejemplo, si α= 0,5, y la productividad crece un 1%, para que el empleo aumente, es necesario que los salarios monetarios   disminuyan en una proporción superior a un 1%.

Por supuesto, el anterior análisis es simple, en la que medida en que deja fuera los posibles cambios en el margen de beneficios, q, y por tanto en la distribución de la renta, y sus efectos sobre la demanda agregada que serán objeto de un nuevo artículo.